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Celebrando la vida

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Jazmín Martínez Sánchez Jazmín. No Yazmín. Jaz-mín. Con el sonido raspando la garganta, empujado desde el estómago, fuerte: Jazmín. Abriendo la boca, recogiendo el aire con la lengua: Jazmín. Ella así lo decía porque su nombre reflejaba bien su carácter: dulce y empecinada. Jazmín era la prima de mi edad. Más grande que yo por 23 días, pero me adelantaba por más que eso. Físicamente creció primero que yo. Era una niña gordita, alta, que se sentía incómoda por no ser igual a todos los niños de su salón. En sus años de belleza televisiva -cuando su cara aparecía en espectaculares de Tepic- me gustaba que me contara la historia de cómo en la primaria, ella era la más solicitada para jugar “cerobrasero”. Cerobrasero es el juego donde los niños se ponen en forma de mesa, apoyando sus rodillas y codos en el suelo, mientras otros niños se apoyan en su espalda y brincan. Era emocionante brincar a Jaz, porque era alta y ancha; lo malo es que cuando ya era su turno de brinc...

Somos todos

De repente se perdió. Su mamá no se dio cuenta porque venía buscando la entrada a los talleres y traía de la mano a la niña. Justo les acababa de decir que no se separaran porque había mucha gente.  Cuando ella volteó, el niño estaba parado en el mezzanine enorme, alfombrado, vacío de objetos y lleno de gente que le pasaba al rededor sin notar su angustia. Volteaba hacia todos lados pero no lograba ver a su mamá que estaba justo enfrente de él, bajando las escaleras. Ella gritó su nombre, y el niño caminó hacía ella porque sus piernas no tenían fuerzas para correr.  La mamá le reclamó no haber escuchado las instrucciones. Pero antes de poder continuar con el discurso de por qué hay que hacer lo que los adultos dicen, se dio cuenta de que el niño seguía pasmado. "¿Te asustate?"- le preguntó.  El niño liberó sus lágrimas primero, las palabras después: "Sí". Recibió un abrazo protector, de esos donde el adulto enreda con sus brazos y el ni...

Leo

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No había podido escribirte, porque, bueno... estás muerto y eso hace difícil la comunicación; además, si me contestaras, tendría miles de preguntas que hacerte y a tí te molestan tantas putas preguntas.  Lo menos que quiero hacer es molestar a quien ya no está; pero, sobre todo, no quiero molestar a aquellos para quien tu nombre se ha vuelto solemne, santo, tabú. Sin embargo, aunque tenga que dirigirme a tí con respeto, o  tal vez no dirigirme en lo absoluto, no he dejado de pensar en tí,  y espero nunca hacerlo. Cuando camino por el centro, pienso en tí. (Te daré un momento para que hagas un comentario sarcástico. Aunque no lo escuche, puedes hacerlo). El otro día vi a un chavo parecido a tí, sentado en una banca en el centro (ya no me acuerdo si por Plaza Universidad o en San Juan de Dios, cerca de los leones) estaba con su novia, besándose. Pensé que a tí te hubiera gustado tener una familia, una esposa amorosa y comelona como tú; me consoló pens...

El día que cayó granizo

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Huele a sudor. De ese producido cuando el esfuerzo físico es mucho y durante largo tiempo. Caras cansadas, aburridas, repitiendo un ritual. El camión se va llenando de gente y del olor. Se detiene justo después de atravesar el periférico.  Por la ventana vemos un indigente que no trae camisa y mastica una bola de hierbas. El de adelante, de la cachucha, se burla un poco; el de la camisa morada, al lado mío, pega su nariz a la ventana para ver mejor; la muchacha, justo atrás de nosotros, se sorprende. Nos detenemos sólo un minuto. Lo suficiente para reconocer que el viento se está alterando, va y viene desesperado, jala las ramas de los árboles con ansiedad, molesto. Nos detenemos en el batán, debido a la gente bajando y subiendo. Arrancamos y con nosotros arranca la lluvia también. Agresiva. ¡Plu! una gota en la nariz, ¡plu! en la frente. Plu, plu, plu, me estoy mojando. Mi cuerpo reconoce la sensación pero mi mente no comprende porqué. Rápido, ...

Reina de corazones

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Mi amiga sigue con el corazón roto. Se arriesgó y se acabó, y ahora hay que atravesar el duelo. No sé si debo decir algo, o sólo sentarme a su lado, que sienta mi presencia, que se acuerde de la suya y luego lo deje ir con sus prejuicios y marañas; con su ego y popularidad. A pesar de la poca esperanza que se asentó en su cara, aún así hace el esfuerzo por recordarme que yo también debo dejar ir, que aproveche y que luego suelte. Me quedo quieta. Dos días, tres días, cuatro días, 7 días. 30 minutos, dos minutos ¡pum! No más quietud. Me observo y descubro que una cosa es el amor que siento y otra muy diferente la obsesión que me estruja. Y cuando pienso en amor pienso en dejar ser, en reverenciar, en libertad y confianza; lo malo es que la obsesión piensa por sí misma, y lo que dice es que no he hecho suficiente. ¿Y si perdí mi oportunidad? ¿Y si esta no es mi oportunidad? La inteligencia me juega una mala pasada, todo lo que leo, lo que escucho y llega a mí, m...

Bonita

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Todos nos reímos. No sólo debido a la sensación de felicidad que causa el tequila, sino, porque su comentario fue tan triste, que daba muchísima risa.  ¿Cómo una muchacha con esa piel tan perfecta- sin grasa, sin opacidad, sin modestia- podía hacer algo así de denigrante? ¿Por qué alguien de facciones tan elegantes decidiría cuidar de un hombre tosco de 51 años? Nos platicó que estuvo con él por 5 años. Que cuando lo conoció estaba borracha y - seguramente llena de adrenalina por el baile- así que no tuvo la sensatez de decir "no". Quedaron de verse el lunes. Y, cuando lo vio, se arrepintió de haber dicho que sí, pero ¿qué se le iba a hacer? ya no se podía esconder porque se estuvieron hablando por teléfono y él ya la esperaba. No nos dio detalles de esa primera cita.  El ciencuentón trabajaba en un buffette jurídico, o algo de juicios, no es relevante para la historia porque lo menos que se espera de un hombre "viejo" es que tenga un trabajo for...

Gorditas de nata

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Es de noche, hace frío afuera pero aquí no. Aquí está cálido, huele bien. Una mezcla de azúcar, harina, canela y leche, invade el ambiente. ¡Qué bien huele! ¡Cómo se antoja! La mesa se pasea de un lado a otro rechinando, tus frágiles manos son las causantes, revuelven, amasan, saborean. Platicas de tus planes: que tu hermano ya te tiene cuarto, irán por ti a Tijuana, no te pintaste el cabello...No pongo mucha atención. Me estoy dando cuenta que siempre que estoy en la cocina contigo, me siento hogareña, amada y hambrienta.  Tomas una bola de masa, la golpeas con ambas manos y la estampas contra la torteadora de madera, te apoyas en ella sin dejar de platicar, viste una película, o leíste un libro que te gustó, no recuerdas los detalles y alguien te corrije derrepente.Veo tus manos sacando la tortilla y aventándola al comal; tus manos cálidas como el olor de tu cocina, las que me rascan la espalda o me soban el dolor.  Recuerdo verte y pensar en mi mamá, me acue...